“Whiplash”: sangre, sudor, lágrimas y mucho jazz

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por valeria cuéllar figueroa | @vale_cuellar | mas notas del autor

Una de las ocho que compiten en la categoría de mejor película en los Oscars de este año, Whiplash está lejos de poder ganar la estatuilla –frente a éxitos rotundos como el de Boyhood-, pero es un film de esos que no pasan desapercibidos y muchísimo menos para todos los que amamos profundamente la música.


Con Whiplash, cuyo nombre se debe a la canción de Hank Levy que es practicada muchas veces durante la película, nos enamoramos una y otra vez del jazz y comprendemos de alguna forma ese profundo apego al género que vemos en nuestros amigos que estudian en conservatorios de música. ¿Quién de ellos no quiere tocar o tiene una banda de jazz?

Dirigida por Damien Chazelle –y basada en el corto del director que lleva el mismo nombre-, la historia transcurre alrededor de la intensa relación de dos personajes: un estudiante de una de las mejores escuelas de música de los Estados Unidos (Miles Teller) y su estricto y detallista profesor (J.K. Simmons).

El personaje de Teller interpreta de manera impecable a Andrew Newman, un joven de 19 años que toca la batería y que tiene como ídolo a Buddy Rich. Su sueño, como el de muchos de sus compañeros en el instituto Shaffer, es llegar a tocar en grandes orquestas, como la del Lincoln Center de Nueva York. Por eso no hace otra cosa que practicar y así logra ingresar a la banda de jazz de la escuela, a cargo del personaje que tan maravillosamente interpreta Simmons –y que le valió el premio Globo de Oro y una nominación al Oscar, entre otros reconocimientos.

El profesor Terrence Fletcher elige a Teller, a pesar de estar recién en el primer año. Lo elige pero lo presiona con métodos exigentes y crudos a ser el mejor, métodos que incluyen tirarle una silla por la cabeza o cachetearlo. Según él, sólo los verdaderos talentos y los que quieren lograr algo grande están dispuestos a soportarlo todo. Y el joven Teller está dispuesto a eso y más.

No sólo aguanta maltratos psicológicos y físicos, dejar de escuchar los consejos de su papá (rol que interpreta el actor Paul Reiser) o abandonar a su novia con la excusa de necesitar concentración sólo para la batería, sino que también está dispuesto a poner en riesgo su propia vida para no decepcionar a su mentor, ganar un lugar en la banda y, por supuesto, forjarse un futuro como músico profesional.

Chazelle construye una historia hermosa e intensa a partir de pequeños momentos, de abusos verbales, gritos, llantos, sudor, manos y dedos ensangrentados, gestos y clásicos como “Whiplash” y “Caravan” que son interpretados una y otra vez. Y nos enseña de la manera más cruel posible cómo un fenómeno tan lindo y complejo como el jazz puede convertirse en el terreno más competitivo del mundo, donde las presiones “para ser alguien” se vuelven extremas.

Al igual que el jazz, Whiplash es 100 por ciento expresividad, no pierde nunca el ritmo, tiene una edición hecha con un tempo perfecto (el mismo que Fletcher le exige a la batería de Teller), un guión con las palabras justas y necesarias que siguen una progresión armónica atrapante y planos a base de “sangre, sudor y lágrimas”.

Whiplash fue originalmente un corto de 15 minutos estrenado en el Festival de Cine de Sundance de 2013. Allí, Chazelle no sólo recibió excelente crítica sino también la ayuda financiera para poder convertir su historia en un largometraje, que pudo estrenarse en el Sundance de 2014 y donde recibió el premio de la audiencia y del jurado como “Mejor Drama”.

¿Y por qué mirar Whiplash? ¿Porque tiene cinco nominaciones a los Oscars? No. Porque es una película que nos muestra de forma simple pero brillante la pasión visceral y el amor profundo que se pueden sentir por la música, en este caso el jazz, y por los sueños que se quieren alcanzar. Dale play al tráiler y enamorate de Whiplash.