A Moon Shaped Pool, un mundo de intimidad e identidades

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por valeria cuéllar figueroa | @vale_cuellar | mas notas del autor

Después de cinco años de espera, llegó el noveno álbum de estudio de Radiohead -y sucesor de The Kings of Limbs (2011)- bajo el título de A Moon Shaped Pool. El viernes 6 de mayo la banda dio a conocer el track -y su respectivo video- “Daydreaming” (tres días antes habían compartido “Burn The Witch”), al tiempo que anunció que el domingo 8 sería el lanzamiento del nuevo material. El día D llegó y a las 15 horas -los links de descarga comenzaron a filtrarse un rato antes- Radiohead anunció en su sitio oficial y en sus redes sociales el nombre del flamante álbum y las distintas vías para escucharlo y comprarlo.


Esta fue una espera bastante particular. Si bien en 2011 con TKOL las redes sociales ya estaban en auge, el lanzamiento no había sido tan esperado. La (no) estrategia de marketing de lanzar los dos singles apenas unos días antes y sin definir si formarían parte del LP9 hicieron su aporte a esta atmósfera de incertidumbre, sumado a ese fin de semana en el que desaparecieron del mundo digital y ya muchos especulábamos con que ese domingo (1° de mayo) saldría el disco.

amoonshapedpool

La cuestión es que AMSP ya está entre nuestras manos, al menos virtualmente hasta que podamos comprar los discos, a partir de junio. Y como habíamos podido entrever un poco con los dos singles lanzados, el nuevo disco es un conglomerado de identidades que fluyen a lo largo de 52 minutos, eclécticas pero hermanadas. Cada track tiene su propia identidad -más teniendo en cuenta que muchos provienen de épocas distintas- y sin embargo las piezas y los mundos parecen unirse, naturalmente, se cohesionan en un resultado final gigante y fabuloso.

La identidad de cada miembro está más visible que nunca. Mucha orquestación, guitarras, cuerdas densas, bajos aventureros, una percusión rígida y hábil, al disco no le falta nada (repito, no le falta nada). Es claro que Jonny Greenwood se puso el disco al hombro, omnipresente en esos pequeños o grandes arreglos que nos deslumbran; mientras tanto, la voz cálida de Thom Yorke, de a ratos limpia y al frente del track, de a ratos rasposa o casi murmurando, es el pegamento que le da esa sensación de completitud e intimidad que no muchas veces se alcanza en un álbum. La atmósfera que se logra con el conjunto de canciones es encantadora y las emociones están a flor de piel de la A a la Z, Radiohead siempre supo cómo cautivar y estrujar el corazón.

Repasemos. “Burn The Witch” es ese inicio audaz con una aceleración violenta pero natural que probablemente sin la orquestación espectacular de Jonny perdería mucha fuerza. “Daydreaming” nos ganó de antemano, “it’s too late, the damage is done” dice Thom bajo una melodía calma y de a ratos dramática. La melodía de “Decks Dark” es tranquila, suelta, mientras Thom pregunta “Have you had enough of me?”, nunca. Con “Desert Island Disk”, nos topamos con una balada a pura cuerda folk, “diferentes tipos de amor son posibles…” y es una de las letras más positivas que podríamos conocer de la banda.

Y viene “Ful Stop” que ya se convirtió en una de las favoritas de los fans, una pieza clave dentro de este gran rompecabezas con su ritmo eufórico y vertiginoso junto a los gemidos de Thom. “Glass Eyes” es la desolación hecha canción, el final es triste como todos los finales y dice “I feel this love turn cold”, el cello nos hace un nudo en la garganta. “Identikit” es el clímax, sí que lo es; un tema antiguo mejorado a la perfección con un ritmo tranquilo pero que fluye junto a la invencible guitarra de Jonny.

“The Numbers”, que primero conocimos como “Silent Spring” y que Thom estrenó durante un evento  de Cambio Climático en París, tiene sus partes calmas y sus partes dramáticas, casi como una película, y habla justamente sobre los peligros de la contaminación ambiental. “Present Tense” es otra que conocemos todos: el ritmo acústico nos envuelve en una suerte de espiral junto con un coro de catedral gótica que conmueve.

En “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief”, la orquesta y los coros acompañan fuerte, también tiene su cuota de soundtrack misterioso. El fin llega con “True Love Waits”, que todos (la vieja guardia, claro) conocimos hace 20 años y que finalmente tiene una versión de estudio (no en vivo como la de Thom de 2001).  Que a varios no les pareció lo suficientemente buena –teniendo en cuenta que es una de las más populares entre los fans-, que le falta el brillo de la guitarra acústica y que el piano le quita fuerza, lo sabemos; pero es un himno y se materializó, no podíamos pedir más, “Just don’t leave…” es ese final que nos merecíamos.

Emociona lo que la maduración de una banda puede brindar, sorprende si uno tiene presente el recuerdo del último material y lo compara, pero también puede resultar una continuidad natural y casi perfecta de su discografía y de su crecimiento como banda, luego de dos décadas y nueve discos en su haber.

Personalmente creo en el increíble talento de cada miembro de Radiohead y, después de muchas escuchas, sé que toda esa capacidad está 100% plasmada en el disco, es decir, no podrían haber hecho algo mejor, al menos no hoy, en 2016 y con la tremenda maduración que tienen como banda. Saber que no siguen fórmulas y que han logrado uno de sus discos más íntimos y personales hasta la fecha me deja más que satisfecha. Que un disco te llene y te rompa el corazón al mismo tiempo, solo Radiohead puede hacerlo, y lo logró una vez más.