Love & Mercy: retrato del ídolo infeliz que venció

1131

por leandro chico | @leanchico | mas notas del autor

El BAFICI ofrece la oportunidad para que nos acerquemos a obras audiovisuales de todo tipo y siempre es una experiencia reconfortante. Este año, entre las opciones relacionadas con el mundo de la música, se destacaba una película súper atractiva, la biopic sobre Brian Wilson, Love & Mercy, que invitaba a conocer un poco más la historia de este ícono del rock del siglo XX y poder confirmar el talento del reparto liderado por Paul Dano y John Cusack. La excusa era perfecta.


Luego de verla, lo primero que puedo decir es que la película es imperdible para aquellos que lleven esas mismas premisas al cine: no decepciona en lo absoluto la historia que se cuenta ni las actuaciones de los grandes actores que se reparten el retrato del ídolo de masas Brian Wilson.

En términos generales, la cinta plantea una manera poco convencional de representar a una figura tan popular e influyente: el director Bill Pohlad (nominado al Óscar por El Árbol de la Vida en su rol de productor) se mete en la psicología del músico para desentrañar el costo emocional de su éxito en dos etapas diferentes de su vida: una que arranca a mediados de los ’60, con el suceso comercial en sus espaldas y la preparación para la realización de Pet Sounds (considerado álbum fundamental de la historia de la música), con la interpretación de Wilson a cargo de Paul Dano; y la otra que comienza a mediados de los ’80, con John Cusack al frente, en un contexto completamente distinto, en el cual el cantautor –ya en su madurez- se encuentra recluido bajo un tratamiento psicoterapéutico en manos del Dr. Eugene Landy (Paul Giamatti), al tiempo que se topa con el amor inesperadamente al conocer a Melinda (Elizabeth Banks), una agente de un concesionario de autos .

El trabajo de Oren Moverman (quien ya había llamado la atención de público y crítica con el guión de I’m Not There, la biopic de Bob Dylan) se focalizó en contar esos momentos específicos de la vida de Brian Wilson con énfasis en su lucha interna contra los fantasmas del pasado, la relación con su círculo familiar y las secuelas emocionales de su grandeza como artista. Es interesante cómo se mecha ese abordaje sobre la zona oscura del cantante con el brillo y la genialidad que producía su trabajo. Además, es ponderable la naturalidad con la que la narración paralela de ambos períodos de vida fluye a lo largo del film. No hay sobresaltos, el espectador es tironeado entre el Wilson joven y adulto sin que haya confusión alguna sobre el tiempo o los eventos, mientras que la tensión dramática crece a favor de lo que se quiere contar.

El contexto sombrío de cada uno de los momentos de la vida del beach boy es pincelado con escenas reconfortantes, de goce y plenitud, tanto para el protagonista cuanto para los espectadores, como lo son los recuerdos de grandes éxitos de la banda (“Surfin’ U.S.A.”, “I Get Around”), el proceso de creación de himnos como “God Only Knows” o la invención dentro del estudio de grabación en los ’60. También son entrañables los instantes de intimidad y ternura que atravesaron Brian y Melinda en los ‘80.

Love & Mercy

La “musicalidad” de la película es también uno de sus puntos más altos. La banda de sonido original compuesta por Atticus Ross (quien se lució recientemente junto a Trent Reznor en Perdida) se combina con las sesiones en el estudio, las melodías pegadizas de los Beach Boys, los fantasmas de Wilson que se traducen en “sonidos en su cabeza”. La música crea las atmósferas para la gloria y también para el ocaso personal.

Paul Dano, que nunca anda con pequeñeces, configura magistralmente a Wilson en la cumbre de su carrera y captura con precisión la locura creativa que batalla todo el tiempo con su costado vulnerable. 20 años después, John Cusack nos enternece con “ese niño en el cuerpo de un hombre” que necesita atención terapéutica y se enamora como un adolescente. Elizabeth Banks encarna con el tono adecuado a la heroína de esta historia, Melinda Ledbetter, y sólo podemos decir que dan ganas de abrazarla fuerte a lo largo de su participación.

Los villanos son de temer, porque son esos que entran por el sitio más permeable: la mente. Bill Camp interpreta al padre de los Wilson, Murry, que presiona y manipula al Brian de los ’60 llegando a límites insospechados, aunque en los ’80 ese rol rector y marcial lo ocupa el famoso terapeuta Eugene Landy, creado por Paul Giamatti, de métodos poco simpáticos.

Desde el año pasado, Love & Mercy viene proyectándose en diferentes festivales alrededor del mundo, si bien su estreno comercial está previsto para junio de 2015. Antes, y como última oportunidad, podés ver la película el próximo viernes 24 a las 15.10 en el Village Caballito, dentro del BAFICI. Mirá el tráiler a continuación.