Top 50: los mejores discos de 2016

2070
Los mejores discos de 2016, por Bite A Beat

Bite A Beat te presenta los mejores discos de 2016, una selección de 50 trabajos que lograron emocionarnos y se destacaron entre la multitud a fuerza de composiciones honestas y producciones impecables. Descubrí el ranking reseña a reseña, mientras te dejás sorprender por lo nuevo de artistas entrañables y de otros tantos emergentes que merecen estar en tu lista de favoritos.


50. ‘Night Thoughts’, Suede

Night Thoughts, Suede

Ya habíamos considerado una gracia divina la llegada de Bloodsports en 2013, luego de un hiato de 11 años. Pero con Night Thoughts, los ingleses impactaron más en nuestros corazones, con ese mismo espíritu que los volvió una de las bandas clásicas de la escena britpop de los ’90. Claro, el séptimo álbum de estudio de los Suede contó con la producción de Ed Buller, quien los acompaña desde su debut, en 1993, que se instaló como un ícono del movimiento. La agrupación vuelve a mostrarnos toda su bravura: violines, piano y coros teatrales, guitarras arrasadoras, el drama corporizado en la voz Brett Anderson y una instrumentación épica que nos arrastra hasta el track final “The Fur & The Feathers”, que eriza la piel. Grandes canciones y una fórmula que, lejos de repetirse, nos regala una nueva creación de quienes nos conmueven hace casi un cuarto de siglo. Leandro Chico.


49. ‘Hymns’, Bloc Party

Una de las mejores bandas indie rock británicas del siglo XXI y con un primer álbum que definitivamente está en las listas de los mejores debuts de la década pasada, el reformado cuarteto londinense vuelve con un quinto disco que –aunque lejos de aquel aclamado Silent Alarm (2005)- con una importante influencia electrónica que ambienta la atmósfera y algunas baladas minimalistas aún nos hace vibrar. El brillante y poderoso Kele Okereke toma las riendas como siempre, sus letras parecen más espirituales y menos belicosas, aunque reluce su voz exquisita como siempre; Russell Lissack hace un excelente trabajo con su provocativa guitarra; los dos nuevos miembros acompañan de forma correcta. Claramente, es un nuevo y consistente cambio de concepción artística, que muchos fans y críticos no han sabido entender, y que nos ofrece un sonido reconfortante. Quizás el pasado fue mejor, pero eso no le quita mérito a esta bella obra. Valeria Cuéllar Figueroa.

Hymns, Bloc Party

48. ‘For All We Know’, NAO

For All We Know, NAO

Luego de haber lanzado dos EP y de colaborar vocalmente con Disclosure y Mura Masa, la británica NAO publicó su primer larga duración con la combinación de R&B, funk y electrónica que esperábamos de una artista emergente como ella, cuya voz -afortunadamente- no se parece a nadie en el mercado discográfico. For All We Know es de reproducción ligera en el mejor de los sentidos, es decir, se destaca por su desenfadada armonía: entusiasma de un track a otro, te arrastra a la pista de baile con la misma intensidad con la que te estremece en sus lentos y maneja los matices sonoros sorteando los clichés del género. Es melódicamente maravilloso y llega a su punto más alto en la balada electropop “In the Morning”, en la que la cantante se aflige: “Lo necesito cuando cae el día y más por la noche, pero cuando me despierto para verlo ni siquiera está en mi mente”. Un debut memorable que firma un futuro promisorio para esta estupenda intérprete. Leandro Chico.


47. ‘Take Control’, Slaves

Al igual que el año pasado con su LP debut, aclamado por la crítica y hasta nominado a un Mercury Prize, el dúo punk británico vuelve a alborotar la escena indie con un disco tremendo y, en nuestro caso, también Top 50. En una época en la que abundan las bandas indie synthpop y folk, el punk rock único que proponen se destaca porque, a diferencia del típico sonido punk desprolijo que conocemos, ellos ofrecen una gran sonoridad y calidad que incluye riffs pegadizos, melodías garage y, en algunos tracks, algunas más urbanas. Justamente, este segundo álbum de estudio cuenta con la colaboración de un ícono de la escena hip hop alternativa como Mike D. de los Beastie Boys que también participa en el track “Consume Or Be Consumed”. Con sólidas letras de protesta y rebeldía y ambientes potentes, rudos y cargados de energía ¿qué podría salir mal para la mejor banda de garage punk de la actualidad? Valeria Cuéllar Figueroa.

Take Control, Slaves

46. ‘Puberty 2’, Mitski

Puberty 2, Mitski

Es el cuarto disco de estudio de esta artista indie neoyorquina que, en 2016, todos se voltearon a admirar o, quizás, a escucharla por primera vez con mucha atención. Con la ayuda de Patrick Hyland, Mitski Miyawaki confeccionó una obra que puede resultar demasiado cruda o difícil de digerir en un primer momento. Es que se erige como una isla melancólica, repleta de experiencias agridulces, a la que nos resistimos, seguramente, por su rudeza y honestidad. Ahora, cuando lográs vulnerarla, te vas a poner a rockear con furia al ritmo de guitarras distorsionadas (“My Body’s Made of Crushed Little Stars”) y a abrazar las baladas, a punto de llorar, gracias a su voz perturbadoramente angelical (“Crack Baby”). Nos habla de esa segunda pubertad que viene aparejada con la adultez y que, al aceptarla, como a las propias heridas, nos permite verlas con mayor lucidez. Leandro Chico.


45. ‘The Getaway’, Red Hot Chili Peppers

Al igual que el caso de Green Day, tenemos otra leyenda de la escena alternativa de los 90 de la que cuesta apreciar de forma imparcial sus últimos trabajos y no comparar o ponerse nostálgicos. Pero las bandas, para bien o para mal, mutan y, en este caso, no tenemos a unos Peppers clásicos –se nota la mano de Danger Mouse (en reemplazo del histórico Rick Rubin) como nuevo productor de la banda- aunque sí un sonido expresivo y dinámico. La fuerza del disco probablemente radica en que el conocido virtuosismo de sus miembros –Josh Klinghoffer se luce terriblemente acá- explora y fluye en ambientes melódicos y delicados sin llegar a opacarlos. Rock alternativo, funk, algo de pop, los tracks recorren varios géneros y, sin ser perfectos, suenan siempre consistentes. La banda demuestra una vez más su extraordinaria capacidad creativa después de 30 años de carrera y éxitos, y que puede reinventarse y renovar su sonido y aún sonar poderosa. Valeria Cuéllar Figueroa.

The Getaway, Red Hot Chili Peppers

44. ‘Meet the Humans’, Steve Mason

Meet the Humans, Steve Mason

Qué difícil es explicar cuando un disco simplemente te cae bien. Porque no hay más sustento que la empatía que genera o la “onda” que transmite. Eso me pasó con Meet the Humans: canciones para corear, que son contadas y cantadas con frescura, autenticidad. Con la producción de Craig Potter de Elbow, el disco es una seguidilla de potenciales himnos indie que arrastran una especie de aura de la alternativa de los ’90 pero con una impronta actual que hace que no se parezca a nada de lo editado este año. Los tracks pasan por distintos estados emocionales, entre la incertidumbre y la esperanza, y por momentos de belleza absoluta, como en “Through My Window”, que se mantiene tal como en la demo original. Esas primeras tomas, realizadas por Steve Mason en su hogar, tuvieron un lugar preponderante en el trabajo, lo que demuestra que a veces hay que saber dejar algunas canciones en su estado puro para dar en la tecla. Leandro Chico.


43. ‘Revolution Radio’, Green Day

A veces cuesta recibir con objetividad la llegada del nuevo trabajo de una banda tan grandiosa y querida como ésta y que probablemente ya haya dado todo lo mejor de sí entre 1991 y 2000. Sin embargo, acá estamos con el LP12 y el trío californiano parece más honesto y sólido que nunca, en una especie de vuelta a las bases. El disco es lo que todos los verdaderos fans pueden querer de ellos, algo convencional pero con gancho y mucho punk rock, un Billy Joe con letras afiladas y aguerridas y sus fieles Mike Dirnt y Tré Cool ejecutando sus instrumentos con la misma energía como si los años no hubiesen pasado nunca. El disco no para y con la progresión los tracks se van volviendo de familiares a adictivos, como antaño. Es imposible no quererlos y no querer este disco que lleva el sello Green Day más que cualquiera de sus últimos álbumes y que, a ratos, también nos lleva un poco de vuelta a los 90. Valeria Cuéllar Figueroa.

Revolution Radio, Green Day

42. ‘Here’, Alicia Keys

Here, Alicia Keys

Desde Girl on Fire, pasaron cuatro años, el nacimiento de su segundo hijo y la reciente decisión de mostrarse libre de maquillaje, realzando su belleza natural. En la década pasada, Alicia Keys había demostrado su enorme talento y la capacidad de hablar con el corazón a través de canciones que tuvieron alta recepción en el público y la crítica. Y ya extrañábamos su honestidad y sentido de pertenencia que vuelve al centro de la escena en Here. Sí, este año hubo muchos que se unieron al club de la vanguardia R&B (las hermanas Knowles, Frank Ocean, Blood Orange) pero su voz, sus decisiones, su estilo, son francamente adorables. Minimalista, cruda, poética, brinda su mirada sobre sí misma y la comunidad que la rodea, con sus claros y oscuros, siempre con el objetivo puesto en la aceptación de la complejidad y la diferencia. Aquí y ahora. Leandro Chico.


41. ‘Junk’, M83

Después de su celebrado Hurry Up, We’re Dreaming (2011), que incluía el megahit “Midnight City”, el proyecto musical del francés Anthony González regresa con una obra más que sólida nuevamente, si bien no tan impactante y pretenciosa. Para los que somos más reacios y nos cuesta disfrutar la música electrónica, esta banda y, claro, este disco ofrecen una excelente propuesta: sonidos synthpop relajados y armónicos que intentan alejarse de lo mainstream y no caer en la monotonía de la electrónica, pero sin perder el espíritu de celebración y fiesta, mechando temas ultra dance con las baladas más romanticonas. Los variados y bien compuestos tracks conforman un colorido collage que deja una suerte de halo de nostalgia con tantos guiños a los 80. Claramente es una nueva dirección de su trabajo previo y, aunque el nivel no es el mismo, el resultado es efectivo y relevante de todas formas. Valeria Cuéllar Figueroa.

Junk, M83

40. ‘Love & Hate’, Michael Kiwanuka

Love & Hate, Michael Kiwanuka

Producido por el talentoso y siempre efectivo Danger Mouse (Gnars Barkley, Broken Bells), Love & Hate es un disco de alto impacto que consolida a Michael Kiwanuka como uno de los exponentes más sólidos y de mayor proyección del soul. Gracias a una lista extensa de más de 30 músicos y casi una decena de ingenieros, los 11 tracks del álbum nos transportan por historias y texturas que tus sentidos agradecerán. La apertura de 10 minutos (“Cold Little Heart”), con guitarras a lo Pink Floyd, despliega un drama de corte cinematográfico del que se hace imposible escapar. A partir de allí, la satisfacción está asegurada: la gimnasia vocal del británico, que va de la euforia a la angustia con naturalidad; el relevo de espiritualidad, identidad, amor y melancolía que da autenticidad al trabajo; y una instrumentación cargada aunque exquisita, que le da carácter épico y le sacude el mote “retro” que suele injustamente aplicársele al género. Leandro Chico.


39. ‘Schmilco’, Wilco

Larga vida a la banda indie rock de Chicago que una vez más no nos ha decepcionado, a pesar del eclecticismo de sus lanzamientos. Su décimo LP se siente genuino, cálido e introspectivo, las letras –pesimistas, irónicas pero con un tono alegre- de Tweedy lo demuestran y los sonidos más folk y acústicos que de costumbre –principalmente a comparación de su predecesor- también hacen su aporte. No hay asperezas ni explosiones, todo fluye como expandiéndose en una espiral sonora que, con muchas atmósferas sutiles, pocas veces se rompe con algún que otro caos contenido o algún momento más incómodo u oscuro. Se prioriza la simpleza a las grandes pretensiones creativas, y esta modestia y franqueza lo vuelven un disco cercano y más accesible y consumible que cualquiera de sus obras de los últimos años. Valeria Cuéllar Figueroa.

Schmilco, Wilco

38. ‘The Waiting Room’, Tindersticks

The Waiting Room, Tindersticks

Una de las primeras satisfacciones de 2016 fue poder escuchar una y otra vez The Waiting Room, el 10º disco de estudio de los británicos Tindersticks, en el que aparecen Jehnny Beth de Savages en un dúo perfectamente sombrío y desesperado (“We are Dreamers!”), y Lhasa De Sela dejando su legado musical antes de fallecer (“Hey Lucinda”). Una obra con aires cinematográficos como ésta definitivamente ameritaba un proyecto fílmico que, vaya coincidencia, terminó plasmándose en una cinta que incorpora los 11 tracks y diferentes directores para cada uno, entre ellos, el propio Stuart A. Staples, líder de la banda. Este disco es el símbolo de la sofisticación, que requiere una reproducción nocturna o a media luz, una bebida placentera, con los sentidos a flor de piel y la entrega a un encuentro íntimo con las emociones. Leandro Chico.


37. ‘I Like It When You Sleep, For You Are So Beautiful Yet So Unaware Of It’, The 1975

El segundo álbum de estudio de la banda de Manchester -que poca justicia le hace a esa ciudad natal que vio nacer a las agrupaciones más gloriosas del Reino Unido- tiene la fuerza de haberse despegado de su pobre predecesor. La banda mejoró, maduró y muestra su costado más ecléctico al ofrecer un trabajo que, si bien a la primera escucha puede sonar puramente pop e insulso, recurre de forma inteligente a la mezcla de varios géneros –rock, R&B, electropop y hasta shoegazing en “Lostmyhead”, con una gran influencia de los sonidos de los 80- hasta volverse ambicioso y, en cierta forma, sofisticado. Que muchos de los temas son pegadizos, no es sorpresa; que las letras son una de sus pocas fortalezas tampoco; ahora lo que importa es que el disco muestra que hay una intención por darle calidad a ese sonido mainstream que la banda tanto adora hacer y eso es lo que cuenta. Valeria Cuéllar Figueroa.

I Like It When You Sleep, For You Are So Beautiful Yet So Unaware Of It, The 1975

36. ‘Visions of Us on the Land’, Damien Jurado

Visions of Us on the Land, Damien Jurado

Aquí hay un largo camino dentro del  indie folk/rock y este disco en particular culmina, estelarmente, la trilogía iniciada con Maraqopa (2012) a través de personaje que desaparece de la sociedad sin mucho a cuestas, termina descubriendo mucho de sí mismo en la travesía y en la comunidad que lo albergó en Brothers and Sisters of the Eternal Son (2014). En este nuevo mundo construido para Visions of Us on the Land, Damien Jurado expande su talento en 17 tracks que nos transportan a ese viaje repleto de imágenes y sonidos espectaculares, bajo la lupa del productor Richard Swift (The Shins, The Arcs), quien estuvo presente en los tres trabajos referenciados. Si desconocías la música de este artista oriundo de Seattle, este es el momento de sumergirte en ella con un álbum sencillamente soñado. Leandro Chico.


35. ‘Walls’, Kings of Leon

Hay que asumirlo, el clan Followill ya no volverá a editar material tan maravilloso como sus primeros dos LPs, cargados de hermoso y acelerado garage rock. A partir de ahí han emprendido un camino de hits de estadios, algunos más pop, otros más rock, algunos de más calidad, otros no tanto, con sus queribles raíces sureñas siempre asomándose en varios tracks. A pesar de eso, los discos no han perdido solidez y ni hablar del éxito comercial que ha crecido exponencialmente. El LP7 no escapa a la regla, hay lindos himnos para enamorarse, cantar y corear a todo pulmón, la voz de Caleb desgarradora al límite cuando quiere y todos los instrumentos ejecutados de forma correcta. Los chicos suenan maduros y, si bien es difícil no sentirse nostálgico con los discos que nos hicieron enamorarnos de su música, también es difícil –y hasta imposible- no resistirse a esos sonidos que nos siguen ofreciendo. No nos sorprendieron pero eso no le quita mérito a una obra bien hecha y producida y que tiene todos los condimentos Followill. Valeria Cuéllar Figueroa.

Walls, Kings of Leon

34. ‘blackSUMMERS’night’, Maxwell

blackSUMMERS’night, Maxwell

Ya era tiempo, querido Maxwell. Pudo haber generado menos expectativa que la vuelta de Frank Ocean, pero definitivamente no tiene nada que envidiarle. Secuela de BLACKsummers’night (2009) y parte de una trilogía, el último esfuerzo del artista es exquisito por donde se lo escuche: una voz sensual y acrobática, melodías elegantes, beats que llevan al éxtasis y letras románticas que completan la banda de sonido de una noche de enamorados. Curiosidad, vulnerabilidad, pasión, desde el corazón mismo del soul y con arreglos multiinstrumentales, blackSUMMERS’night es de lo más irresistible publicado este año. Por sobre todo, nos hace recostar y volar, como en “1990x”: “Dentro de nuestro cielo vive una estrella. Vamos a montar la galaxia y descubrir quiénes somos”. Música para corazones destrozados que aún no fueron abatidos. Leandro Chico.


33. ‘The Ride’, Catfish And The Bottlemen

Como una suerte de versión menos mainstream de The Kooks, los galeses sacaron un segundo álbum de estudio a pura energía y guitarras, con melodías contagiosas y simples. El disco no es para nada ambicioso, pero sus tracks enganchan y mucho, probablemente mucho tenga que ver la mano del productor Dave Sardy, quien trabajó con Oasis. Claro que Oasis logró himnos generacionales con muy poco y no es éste el caso, por lo pronto la banda de Van McCann está encaminada: suena bien, quiere hacer rock y pasarla bien sin enroscarse en grandilocuencias creativas. Para los que disfrutamos mucho del indie rock y el britpop, The Ride es la combinación perfecta. Y en solo 40 minutos, nos vamos con un sentimiento de satisfacción porque sabemos que es uno de esos pocos trabajos honestos y entretenidos que con lo necesario logra mucho: empatizar y querer cantar ya esos temas en vivo. Valeria Cuéllar Figueroa.

The Ride, Catfish And The Bottlemen

32. ‘Stranger to Stranger’, Paul Simon

Stranger to Stranger, Paul Simon

Popular desde su trabajo con Simon & Garfunkel en los dorados ’60, el cantautor estadounidense nos vuelve a sorprender con su nuevo disco, Stranger to Stranger, una obra tan sobresaliente cuanto excitante, que desnuda su enorme capacidad creativa a través de un viaje sonoro sorprendente, divertido e inusitado. No es casual que este esfuerzo destacado vea la luz en 2016, cuando se cumplen 30 años de Graceland, su emblemático y aclamado disco que trajo al mainstream una fusión de diversos géneros y una fuerte influencia de músicos sudafricanos. Una vez más, su voz cálida y atemporal entremezclada con una gama ecléctica de sonidos -instrumentos de viento, percusiones, guitarras y sintetizadores-, demuestra que los clásicos pueden ser vanguardia si se lo proponen. Paul Simon lo sabe hace 50 años. Leandro Chico.


31. ‘Chaleur Humaine’, Christine &The Queens

Si bien el álbum debut de la francesa Héloïse Letissier se editó originalmente en Francia en 2014, recién a comienzos de este año la versión en inglés del mismo llegó a las bateas del Reino Unido (aunque a los EE.UU. había llegado en 2015). Esta joya del synthpop ofrece una estética y sonidos perfectamente logrados, al punto de parecer que la compositora llevara años grabando discos. Las letras abarcan temáticas actuales como el feminismo, por supuesto desde un lado humano y sensible. La traducción al inglés de varios de los tracks suma puntos ya que el idioma del amor no creo que sea el francés: personalmente sentí más afinidad, impacto y empatía con los temas en inglés a pesar de que no sea el idioma nativo de Letissier. Sofisticado a su máxima potencia, al disco no le falta nada, principalmente calidad y personalidad, para destacar en una escena donde cuesta encontrar artistas talentosos y originales al mismo tiempo. Valeria Cuéllar Figueroa.

Chaleur Humaine, Christine &The Queens

30. ‘How to Be a Human Being’, Glass Animals

How to Be a Human Being, Glass Animals

Glass Animals son una de esas bandas que elevan la reputación de la indietronica, con una instrumentación/composición que dispara flechas a dos direcciones correctas: el baile y la emoción. How To Be A Human Being brilla desde sus primeros minutos gracias al clima propuesto por la selvática “Life Itself” y la paternal “Youth”, en la que nos esperanzamos: “Te haré volar, serás feliz todo el tiempo, sé que puedes hacerlo bien”. Este último track, que representa la historia devastadora que relata un extraño sobre su hijo, es una de las tantas anécdotas que el cantante Dave Bayley recabó de encuentros que mantuvo con personas desconocidas en distintas situaciones cotidianas y que luego ensambló en personajes pensados para el disco con fines autobiográficos. Como si fuera poco, es unas de las bandas confirmadas para el Lollapalooza 2017. Listo, compré. Leandro Chico.


29. ‘Running Out of Love’, The Radio Dept.

El sucesor de Clinging To A Scheme (2010) “habla sobre la vida en Suecia en 2016 y cómo nuestra sociedad parece estar en regresión en muchos niveles, político, intelectual, moral”, había dicho la banda luego del lanzamiento. Volcados más al contenido social y político que a las historias de amor y desamor de los trabajos previos, los suecos indie pop abandonan un poco –solo un poco- el dream pop y shoegazing al que nos tienen acostumbrados y meten un poco de electrónica. La urgencia y ligereza de los sintetizadores es más notoria, que oscilan entre sonidos más dramáticos y oscuros a otros más coloridos y hasta bailables. Tracks con ambientes profundos y texturas complejas, nuestros suecos favoritos han construido una obra hermosa y exquisita una vez más –sus cuatro LPs son fantásticos- para viajar por esos paisajes e historias nórdicos que parecían tan soñados hasta este disco. Valeria Cuéllar Figueroa.

Running Out of Love, The Radio Dept.

28. ‘Blonde’, Frank Ocean

Blonde, Frank Ocean

Comenzó su carrera como compositor hace 10 años pero recién en esta década se lanzó como solista. Su álbum debut Channel Orange (2012) sacudió estructuras y provocó admiración absoluta, no sólo entre los críticos sino también en la propia colonia artística. Esa singular exploración personal y sonora dejó latente el entusiasmo por su obra; la prensa, sus colegas, los fans, no podían manejar su ansiedad por escuchar su nuevo material. Primero salió la apuesta visual Endless y, a las pocas, horas, Blonde, que en soporte físico fue acompañado por la revista Boys Don’t Cry, así también llamado el sello independiente con el que este artista se salió de Def Jam. Frank Ocean es inalcanzable, inexplicable, es la mismísima revolución del R&B en proceso de construcción; pero esto no significa que sea precario, todo lo contrario: es un proceso tan profundo y de autodescubrimiento que aún nos depara mucha más emoción que la que desborda su más reciente triunfo creativo. Leandro Chico.


27. ‘Leave Me Alone’, Hinds

A puro garaje rock y lo-fi, las españolas son una de las pocas formaciones de origen hispano que han logrado penetrar en el circuito indie de los Estados Unidos y el Reino Unido incluso antes de editar su álbum debut. Si bien ya sabíamos que esperar –por los singles y demos conocidos hasta el momento- y si bien de a ratos nos recuerdan a ciertas bandas de los 2000 como The Strokes, ese primer LP, con su inconfundible sonido lo-fi a lo largo de los 12 tracks, supuso un importante toque de frescura en la escena y un estilo propio que la misma banda forjó con su inglés pobre, sus voces desaliñadas e incluso la falta de virtuosidad con los instrumentos. Sin embargo, el garage pop de este cuarteto es poderoso y sus letras más profundas de lo que parecen, con experiencias de amor y desamor, vulnerabilidad y nostalgia. Probablemente para muchos suenen un poco amateurs, pero dicen que el que no arriesga no gana y… las madrileñas ya ganaron. Valeria Cuéllar Figueroa.

Leave Me Alone, Hinds

26. ‘Mangy Love’, Cass McCombs

Mangy Love, Cass McCombs

Hace más de una década que este cantautor indie produce música, fusiona una variedad de géneros y atrae la atención de críticos especializados. En éste, su debut con el sello Anti, Cass McCombs despliega 60 minutos sumamente cautivantes, que revelan una producción impecable (20 músicos involucrados) y a un artista inquieto que busca rescatar todo lo que crea conveniente para favorecer sus invenciones. Su voz se acomoda con facilidad al soul, al country, al folk, mientras se mete en temas sociales y políticos, a pesar de la angustia, del terror: “No, no es un sueño, es demasiado real. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que este río de sangre se coagule?”, repite en el track de apertura “Bum Bum Bum”.  El caos y el humor son envueltos por una aventura sonora que resplandece con más fuerza de una escucha a otra. Mangy Love es asombrosamente perturbador. Leandro Chico.


25. ‘Love You To Death’, Tegan And Sara

Las gemelas canadienses se consolidan como una de las mejores bandas de indie pop de este siglo y con su octavo disco de estudio demuestran que la música pop, cuando está perfectamente ejecutada y los sintetizadores se utilizan bien, puede superar y con creces a muchos sonidos rock que a veces se quedan a mitad de camino. Con composiciones finas y letras que equilibran la vulnerabilidad y la energía desnudando todo un mundo interior de vivencias, los 10 tracks se suceden con una gran carga emocional, algunos con más estallidos que otros. Claro, los buenos discos inspiran sentimientos y efectos, y con LYTD queremos enamorarnos y bailar desde el primer instante, casi como si el electropop ochentoso en el que se inspiran las hermanas Quin no fuera tan malo como creíamos. Mucho más cerca del mainstream que del indie folk de sus primeros LPs, claramente es un trabajo electrizante para disfrutar el mejor pop de hoy. Valeria Cuéllar Figueroa.

Love You To Death, Tegan And Sara

24. ‘Utopia Defeated’, D.D Dumbo

Utopia Defeated, D.D Dumbo

Utopia Defeated del australiano D.D Dumbo es uno de los debuts más logrados del año, una obra admirable que surgió de la imaginación de Oliver Hugh Perry, escrita y tocada casi por completo por él. El álbum de 10 pistas, que a fines de noviembre se llevó el premio al disco del año que otorga la prestigiosa radio local Triple J, supera todas las expectativas desde el primer play: el artista se destaca por su inventiva y construye un sonido expansivo, con el gran atributo de ser él mismo quien comanda su propio barco. Su voz nos recuerda a un joven Sting y su talento, a compatriotas del indie como Kevin Parker, Gotye, Nick Murphy o Courtney Barnett. A través del pop experimental y de ciertos sonidos del world music, que suele recrear en sus presentaciones con un pedal de loops, el músico nos ofrece una aventura excitante mientras nos abre su mochila de sorpresas. Leandro Chico.


23. ‘Trick’, Jamie T

El londinense parece querer indagar en sonidos más punk rock y densos en su cuarto disco de estudio, que muestra un crecimiento musical respecto a sus trabajos previos. Hay un espíritu de rebelión y crudeza, propio del punk, pero también apela a recursos del ska, del britrock y, por supuesto, vuelve en algunos tracks al hip hop alternativo que siempre ha sabido utilizar y no abusar a lo largo de su carrera. El mix de géneros la convierten en una obra audaz y colorida con un Jamie maduro cuya voz perfora con confianza las canciones que mejor ha compuesto en su carrera. Es esta gran mezcla de cosas que ya hemos escuchado antes – de sus discos previos y pequeñas reminiscencias a Kasabian, The Clash, Oasis, The Libertines, The Vaccines- pero que, sin embargo, suenan novedosas y frescas al ser pasadas por el filtro de este gran músico que –con las mejores influencias brit- ha logrado un estilo único. Valeria Cuéllar Figueroa.

Trick, Jamie T

22. ‘Nothing’s Real’, Shura

Nothing’s Real, Shura

Nothing’s Real es el disco debut de la británica Alexandra Denton, conocida como Shura, una exjugadora de fútbol devenida en artista synthpop. Desde que el álbum comienza a sonar, tenemos la certeza de que la chica de los pelos rebeldes, de voz libre y apasionada, se divierte y nos quiere divertir. Que tiene el completo control de lo que presenta, partiendo de sus letras con experiencias agridulces, de amor, desamor e inseguridades, y empujándonos a vivir cada una de ellas con sonidos que se amalgaman perfectamente, que cambian con el fluir de las historias y que van del down al uptempo con naturalidad y frescura. El mayor atributo del material, meticuloso y de producción impecable, es que no resalta una canción sobre otras sino que todas tienen su lugar destacado. Una promesa para (ad)mirar atentos. Leandro Chico.


21. ‘The Hope Six Demolition Project’, PJ Harvey

La indiscutida Polly regresa con un nuevo y hermoso aporte a la escena del rock alternativo y es imposible no sentirnos atraídos. Polémico desde su concepción, el noveno disco de estudio de la inglesa está cargado de crítica social que muestra un material sólido en ideales y con visiones aún más vívidas: estuvo en Kosovo, Afganistán y Washington DC para empaparse de los hechos y luego transmitir su mirada visceral sobre la crueldad y la miseria a través de letras fuertes, profundas y sobrecogedoras y con una voz que parece más limpia que nunca. Con la maravillosa producción de Flood y John Parish, el álbum se construye con cálidos coros y –las grandes protagonistas- secciones de vientos, algo de blues y folk, y algunos riffs de guitarras para crear ambientes más crudos. A veces más frágil, otras más duras, sus propuestas atrevidas y arriesgadas siempre nos cautivan porque sencillamente es una de las personas más talentosas de su generación. Valeria Cuéllar Figueroa.

The Hope Six Demolition Project, PJ Harvey

20. ‘Coloring Book’, Chance The Rapper

Coloring Book, Chance The Rapper

El tercer mixtape del artista hip-hop de Chicago de 23 años se nutre de invitados como Kanye West, Lil Wayne, Young Thug, 2 Chainz, Justin Bieber, Francis and the Lights, Future y Jay Electronica, entre otros tantos, para configurar una propuesta góspel rap de tonalidad espiritual que se apropia de cierta alegría rítmica para narrar la realidad de la comunidad afroamericana, que mira el horizonte de la liberación. Es que este joven talento no tiene el amparo de un fuerte sello discográfico sino la convicción de crear lo que le place y desde ese lugar, su autenticidad se vuelve rotunda. A pesar de la violencia, los abusos, lo difícil que puede tornarse la vida, nos lleva a creer en la  esperanza y la unión. Por algo tantos colaboradores estelares apostaron a este proyecto independiente y a su audaz mentor, que rompe los miedos con el poder de la música. Leandro Chico.


19. ‘Paradise’, White Lung

El cuarto disco de estudio de la agrupación punk rock canadiense definitivamente es el más trabajado, logrado y audaz hasta el momento. Espontáneo y honesto pero sólido y consistente a la vez, sus tracks se suceden como himnos dinámicos que cautivan y que saben dosificar de forma brillante la distorsión y las melodías pegadizas -y con la particularidad que pueden escucharse infinidad de veces sin perder su gracia. La velocidad – 10 temas en 28 minutos – y el espíritu punk y caótico permanecen fieles pero el sonido parece más limpio y claro que en los trabajos previos. Una de las joyas es la potente y de a ratos desgarradora voz de Mish Barber-Way, que sabe crear mejor que nunca distintos momentos y ambientes dentro de cada canción. Sin aires de grandeza y con una evidente economía de acordes, este álbum funciona en muchos niveles por su carácter genuino y fresco: la nueva dirección que tomaron dio resultados. Valeria Cuéllar Figueroa.

Paradise, White Lung

18. ‘Lemonade’, Beyoncé

Lemonade, Beyoncé

Desde la salida sorpresa de su disco homónimo a fines de 2013, Beyoncé logró instalar la idea de innovación y ruptura que, viniendo de una profesional disciplinada y perfeccionista como ella, no era de extrañar. Hace tres años, el sonido había mutado, sus letras, madurado, y su voz, abierto a nuevos matices. Con Lemonade, desafió aun más sus límites creativos y buscó nuevos compromisos en los temas que aborda: se puso más íntima, más política, más oscura, más combativa, es decir, más verdadera. Ya salió del clóset de la estrella de grandes atributos vocales y destreza coreográfica que suena sin parar en radios y discos. Ahora, como productora integral, imagina universos musicales sostenidos por producciones visuales descomunales y logra representar con precisión y emotividad esa ambición bien colocada que la vuelve la diva pop más feroz e impredecible de la actualidad. Leandro Chico.


17. ‘Why Are You OK’, Band Of Horses

Ben Bridwell y compañía demuestran que siguen siendo una sólida banda de indie rock y con una gran sensibilidad para los himnos folk. El nuevo LP está lleno de grandes momentos de simplicidad y calidez, y logra el equilibrio justo entre un audaz y brillante track orquestal folk rock como “Dull Times/The Moon” y algo más folk tradicional como “Country Teen”, entre el envolvente y etéreo “Hag” y el ambiental y breve “Hold Gimme a Sec”, entre el impulsivo y popero “Casual Party” y el dulce y melódico “In A Drawer”, o entre el vulnerable y campestre “Whatever, Wherever” y la balada rompecorazones “Barrel House”. Bridwell dejó en claro que la paternidad y la vida familiar cambiaron mucho su rutina de hacer canciones, por lo que hizo de su hogar y sus pocos momentos libres su espacio de creación, inspirándose en realidades de la vida cotidiana y mundana. Gran mérito para él que logró la transición perfecta entre historias de hombres/mujeres simples y canciones indie con el potencial para volverse masivas, porque justamente la simplicidad a veces puede ser poderosa. Valeria Cuéllar Figueroa.

Why Are You OK, Band Of Horses

16. ‘A Sailor’s Guide to Earth’, Sturgill Simpson

A Sailor’s Guide to Earth, Sturgill Simpson

En su tercer disco de estudio, Sturgill Simpson abraza una gran producción que supera al country convencional con influencias soul y orquestaciones emotivas que escapan a las etiquetas. El desafío llega a tal punto de encarar sorpresivamente un cover de “In Bloom” de Nirvana con la altura que el caso requería. En general, cuenta cómo un hombre de mediana edad enfrenta la paternidad, el amor, la depresión, con la musicalidad justa para que la empatía sea instantánea. “Asegurate de dar algo antes de partir hacia el gran cielo desconocido”, nos advierte en las últimas líneas del single “Brace for Impact (Live a Little)”. Esa integridad y pasión que nos pide como legado de nuestra existencia es la misma que atraviesa su último esfuerzo discográfico. Leandro Chico.


15. ‘Adore Life’, Savages

El segundo disco de estudio del cuarteto de Londres parece ser más abrupto y estrepitoso que su predecesor, con estructuras libres dentro de ese post punk que estas chicas han revivido desde su LP debut de 2013. Las letras en tono confesional y la voz imponente de Jenny Beth, la guitarra abrasiva de Gemma Thompson, el consistente y a veces impredecible bajo de Ayse Hassan –que tanto caracteriza al sonido de la banda- y la batería firme de Fay Milton construyen una obra excepcional con una velocidad y un ritmo propios y desafiantes que la vuelven completamente visceral y humana. Adore Life tiene la dosis justa de agresividad y reflexión, de violencia y celebración, de dolor y amor. Con dos discos en su haber y dos nominaciones a los Mercury Prize, Savages parece tener suficientes recursos musicales para sorprendernos una vez más y se consolida como una de las mejores bandas indie rock de nuestra época. Valeria Cuéllar Figueroa.

Adore Life, Savages

14. ‘A Seat at the Table’, Solange

A Seat at the Table, Solange

A Seat at the Table es el tercer disco de estudio de Solange y llega 8 años después de su antecesor. Compuesto por 21 tracks a lo largo de poco más de 50 minutos, presenta esencialmente una base neo-soul con ciertos toques que van de la psicodelia al funk. Una producción impecable acompañada de colaboradores como Lil Wayne, Sampha, The-Dream, BJ the Chicago Kid, Q-Tip, Kelly Rowland, Kelela y David Longstreth de Dirty Projectors, entre otros. En el álbum, Solange habla sobre la cultura y la experiencia de ser afroamericana, los prejuicios y el libre pensamiento. Ella misma se encargó de aclarar que se trata de su “momento punk”: expresar con honestidad, perturbar, enojarse, dentro del horizonte musical en el que mejor navega. Nadie la vio venir a Solange, menos en el mismo año en el que Beyoncé decidió servir su limonada al mundo. Leandro Chico.


13. ‘My Woman’, Angel Olsen

El tercer disco de estudio es, sin dudas, la mejor obra de la estadounidense. Generoso, accesible, honesto, cálido y preciso desde donde se lo escuche, una multifacética y temeraria Olsen nos lleva de paseo por sus experiencias y dilemas que traspasan todas las emociones: amores y desamores, alegrías y tristezas y, claro, “the complicated mess of being a woman”, como ella mismo lo define. La versatilidad de su voz y de las melodías le da probablemente mayor identidad al disco y lo convierten en el más cautivante de la artista indie hasta el momento. El single “Intern”, track que abre el disco, es uno de los más destacados y muestra esa versatilidad, con una voz exquisita, un sonido synthpop -y de a ratos noise- y una letra ambigua y hasta idealista. La clave de la fortaleza de este trabajo está en la superación propia de la compositora que, sin perder la esencia, deja de ser una cantante de canciones folk para abarcar un mundo de voces y sonidos y adueñarse de ellos. Valeria Cuéllar Figueroa.

My Woman, Angel Olsen

12. ‘You Want It Darker’, Leonard Cohen

You Want It Darker, Leonard Cohen

En un año extremadamente prolífico en general, el maestro Leonard Cohen nos trajo un trabajo de alta calidad con You Want It Darker, producido por su hijo Adam y editado unas semanas antes de su sorpresiva muerte, a los 82 años. Su última colección de canciones aborda temas como la religión (“You Want It Darker”), el egoísmo y la corrección en el amor (“Treaty”), pero también  la apertura emocional y el agradecimiento (“If I Didn’t Have Your Love), las tentaciones (“On the Level”) y el tránsito por zonas oscuras (“Steer Your Way”). “Estoy listo para morir”, le había dicho a una revista antes de lanzar el disco, aunque luego tuvo que aclarar: “Siempre me apasionó la auto-teatralización. Tengo la intención de vivir para siempre”. De la ironía del destino a la eternidad con el arte como vehículo: una despedida épica a la medida de un grande. Leandro Chico.


11. ‘Until The Hunter’, Hope Sandoval & The Warm Inventions

La superbanda conformada por la frontwoman de Mazzy Star y el baterista de My Bloody Valentine volvió al ruedo con su tercer LP después de siete años y el resultado es grandioso. No era un disco que esperáramos, ya que se trata de un proyecto musical con tiempos distintos –y más relajados- a los de una banda regular; por eso la sorpresa fue más grata aún tras repetidas reproducciones. Se trata de un disco expansivo que a lo largo de sus 11 tracks ofrece una atmósfera melancólica, densa y cargada de emociones –abundan las letras autoconfesionales- pero que se equilibra perfectamente con la voz etérea e hipnótica de Sandoval. Recorre sonidos más dream pop, otros más folk y hasta acústicos, abandona un poco el noise de los trabajos previos y las guitarras ganan terreno. Un trabajo cálido, reconfortante, relajado, todo eso y más ha logrado este dúo que quizás sin la presión de editar discos de forma recurrente se tomaron su tiempo para este joya de colección. Valeria Cuéllar Figueroa.

Until The Hunter, Hope Sandoval & The Warm Inventions

10. ‘Freetown Sound’, Blood Orange

Freetown Sound, Blood Orange

Freetown Sound, el tercer disco de Dev Hynes como Blood Orange, está lleno de audacia sonora y compositiva, en iguales cuotas. Ni hablar de algunas de las chicas que se unieron a la propuesta para embellecerla: Debbie Harry, Nelly Furtado, Carly Rae Jepsen, Empress Of. El cantautor, nacido en Londres, configuró su vanguardia pop con extractos soul, funk, sintetizadores, percusión, saxo, cantos espaciales, pasajes poéticos, beats que se aceleran o calman según las pronunciaciones. Alza su voz contra la injusticia, la opresión racial, revisa su historia personal y comunitaria, busca llamar la atención: “Mi álbum es para todo aquel al que le dijeron que no es lo suficientemente negro, que es demasiado negro, demasiado gay o es gay de la manera incorrecta… es un aseveración contundente”, dijo en Instagram. Sin dudas, nos invita a pensar sin perder de vista el entretenimiento. Leandro Chico.


9. ‘Post Pop Depression’, Iggy Pop

Cuando parecía que esta leyenda del rock ya no podía hacer nada para sorprendernos, saca un disco sobresaliente y con la colaboración de uno de los más genios creativos –a nivel interpretación como producción- de los últimos años como Josh Homme, quien le da a este trabajo un sello diferente y fresco. Ambos unieron sus cerebros en el intercambio de ideas de canciones y versiones. También se sumaron Dean Fertita (guitarrista y compañero de Homme en QOTSA) y Matt Helders (baterista de Arctic Monkeys). El resultado no podía ser mejor: cuatro personalidades y talentos distintos ofreciendo las melodías más hipnóticas y crudas que alguna vez habíamos escuchado de la Iguana. Muchos riffs, momentos stoner, algo de funk, los guiños a su eterno amigo Bowie como también al genial Nick Cave, el álbum engloba todo de forma perfecta y ordenada. Se dice que es su disco despedida y –con una carrera tan prolífica- claro que sería la mejor forma de cerrar un legado invaluable de álbumes brillantes. Valeria Cuéllar Figueroa.

Post Pop Depression, Iggy Pop

8. ‘Teens of Denial’, Car Seat Headrest

Teens of Denial, Car Seat Headrest

Si hubo un disco de rock que se destacó este año ese fue Teens of Denial: un sonido vigoroso, que se luce tanto en la ampulosidad  cuanto en la sencillez, con climas que cambian cuando menos lo esperás y que te entusiasman, sin dejarte con las ganas, ya que nos regala 70 minutos de magia. Will Toledo, con sólo 24 años, ya sacó una docena de discos y esta vez transformó su proyecto solista en una realización con banda completa, lo que resulta una decisión triunfal. En la sensacional “The Ballad of the Costa Concordia”, el clímax del disco, Toledo se permite parafrasear el estribillo de “White Flag” de la inglesa Dido para desparramar su desazón: “No voy a infectarme de esta mierda. Levantaré mis manos y me rendiré. No habrá más banderas por encima de mi puerta. Perdí y así será siempre”. Vencido, con la música a cuestas, jamás. Leandro Chico.


7. ‘The Colour in Anything’, James Blake

Las expectativas eran grandes, ya que el tercer disco de estudio del multifacético músico británico era el sucesor de Overgrown (2013), ganador del prestigioso Mercury Prize. Se puede decir que se cumplieron en tanto que el nuevo trabajo ofrece una solidez impecable –propia del virtuosismo innato de Blake- que se caracteriza por un complejo de sonidos que llenan un vacío en el que el compositor crea su propio género musical y sus propios relatos en donde parece desnudar su alma. A fuerza de soul, pianos y sintetizadores, la magia y la clase de este joven no tienen límites: los diversos 17 tracks recorren momentos más profundos, oscuros y confesionales, así como otros más dinámicos y hasta dance, mientras que la voz -melancólica como siempre- suena un tanto más desgarradora que de costumbre. Definitivamente uno de los discos más ambiciosos del año, la experiencia de escucharlo es exhaustiva e inolvidable. Valeria Cuéllar Figueroa.

The Colour in Anything, James Blake

6. ‘Hopelessness’, Anohni

Hopelessness, Anohni

A principios de este año, Anohni obtuvo su primera nominación al Oscar a Mejor Canción (por “Manta Ray”, del documental Racing Extinction) aunque, luego, le hizo boicot a la ceremonia por no haber sido invitada a actuar. “Cantar sobre eco-cidio puede que no venda espacio publicitario”, dijo oportunamente, y habló sobre la opresión social y oportunidades disminuidas para las personas trans que el capitalismo en los EE.UU. ha ejercido para “aplastar nuestros sueños y nuestro espíritu colectivo”. Con este mar de fondo, en mayo llegó Hopelessness, un trabajo tratado desde la electrónica con letras que ahondan en la vigilancia, la crisis medioambiental, la pena de muerte, entre otros temas. Un disco cargado de pronunciación política que usa el pop electrónico y la voz ultra penetrante de esta artista única para gritar -y hasta bailar- lo que muchos callan. Leandro Chico.


5. ‘22, A Million’, Bon Iver

El nuevo y esperadísimo trabajo de Justin Vernon no es en realidad tanto lo que esperábamos: adiós a las canciones folk a las que estábamos acostumbrados y hola a una obra maestra sumamente versátil que rompe esquemas y sacude géneros. Salvando las distancias, la llegada de este disco nos recuerda el pasaje de los sonidos conocidos y familiares de OK Computer a la locura y extravagancia de Kid A. Incluso, el melancólico “22 (OVER S∞∞N)” –track que abre el disco- tiene matices de “Everything In Its Right Place” de la banda de Oxfordshire. Claro que este trabajo no es un disco fácil de asimilar, puede parecer sonoramente extraño o lejano al comienzo, pero vale la pena pasar por el proceso. Vernon sigue siendo un poeta brillante –que en este caso aborda una crisis personal y temáticas muy cercanas para todos- y verlo adentrarse en terrenos nuevos a nivel musical es una gran experiencia: la música no es lineal, hay distintas formas de experimentarla, y ¿quién mejor maestro que él para romper los moldes? Valeria Cuéllar Figueroa.

22, A Million, Bon Iver

4. ‘Skeleton Tree’, Nick Cave & The Bad Seeds

Skeleton Tree, Nick Cave & The Bad Seeds

Paralelamente al lanzamiento del disco, Nick Cave & The Bad Seeds descubrió el documental One More Time With Feeling, en el que no sólo se puede escuchar el álbum, sino también el testimonio frágil, crudo, verdadero y en primera persona de un artista tratando de encontrar su camino a través de la oscuridad. Vale recordar que, mientras tenían lugar las sesiones Skeleton Tree, Arthur, el hijo de Cave, de 15 años, falleció al caer de un acantilado. Es una obra maestra bella y angustiante, por lo que se hace difícil escapar de ella; son ocho tracks que exploran, en 40 minutos, el amor y la devastación mediante una producción deslumbrante. Desde el fondo de su ser, una voz nos relata todo con honestidad. Es un trabajo insoslayable, necesario, y las palabras por fuera de él, sobran. Leandro Chico.


3. ‘Everything You’ve Come To Expect’, The Last Shadow Puppets

Sin importar las críticas de otros periodistas o medios, este disco se sintió como amor a primera escucha: el segundo LP del supergrupo inglés reafirma a Alex Turner como uno de los mejores músicos y compositores de su generación quien, más alejado de su rol de frontman presumido que vimos últimamente en Arctic Monkeys, se vuelve un crooner maduro y seguro, envalentonado para sorprendernos –junto al talentosísimo Miles Kane- con un trabajo pasional y visceral que tiene la dosis justa de sonidos vintage y soul que a veces necesitamos escuchar. En este sentido, los tracks del LP son más atrevidos y evolucionados, con arreglos orquestales que cautivan, que los de su predecesor y personalmente mucho más disfrutables. Definitivamente, el disco no ofrece un único concepto o historia, los tracks son bastante heterogéneos y, para algunos, quizás falta ese espíritu indie que estaba en TAOTU; sin embargo, con una estructuración eficaz y una ejecución poderosa, el ambiente y el clima se construyen de forma sublime. Valeria Cuéllar Figueroa.

Everything You’ve Come To Expect, The Last Shadow Puppets

2. ‘Blackstar’, David Bowie

Blackstar, David Bowie

En un año muy difícil en muchos sentidos, marcado principalmente por pérdidas de artistas legendarios como la del propio David Bowie, el starman desplegó sus alas aunque antes eligió cuidadosamente su música de salida, sin escatimar en presagios de esos que hubiéramos querido que sean solo ficción, como ocurre en “Lazarus”: “Búscame aquí, estoy en el cielo. Tengo cicatrices que no se pueden ver. Tengo drama que no puede ser robado. Todo el mundo me conoce ahora”. Blackstar fue la última reinvención del Duque Blanco, con la ayuda de su inseparable colaborador Tony Visconti; difícil de ubicar en un género, es una propuesta encapsulada en el tiempo que nos revuelve en la complejidad de un talentoso que siempre se ubicó al margen de lo establecido para iluminar nuestra existencia. Leandro Chico.


1. ‘A Moon Shaped Pool’, Radiohead

El LP9 de la banda más grande y sólida de los últimos 25 años llegó con un conglomerado de identidades que fluyen a lo largo de 52 minutos, eclécticas pero hermanadas. Cada track muestra su propia identidad -muchos provienen de épocas distintas- y, sin embargo, las piezas y los mundos parecen unirse naturalmente, se cohesionan en un resultado final gigante y fabuloso. La identidad de cada miembro está más visible que nunca: mucha orquestación, guitarras, cuerdas densas, bajos aventureros, una percusión rígida y hábil, al disco no le falta absolutamente nada; claro que Jonny G. se puso la obra al hombro -omnipresente en esos pequeños o grandes arreglos que nos deslumbran- pero la voz cálida de Thom Y. –a veces limpia y al frente del track, otras rasposa o casi murmurando- también es el pegamento que da esa sensación de completitud e intimidad que no muchas veces se alcanza en un álbum. A base de talento y maduración y sin seguir fórmulas, este año Radiohead logró uno de sus discos más íntimos y personales hasta la fecha. Valeria Cuéllar Figueroa.

A Moon Shaped Pool, Radiohead