La La Land, el fascinante musical de los soñadores empedernidos

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por leandro chico | @leanchico | mas notas del autor

La La Land es, quizás, la película más esperada del verano, mientras transcurre la temporada de los premios más importantes de la industria cinematográfica en el hemisferio norte. Entre ellos, los Globos de Oro, en cuya ceremonia, llevada a cabo hace unos días, este maravilloso musical arrasó al quedarse con las siete categorías en las que estaba nominado (Actualización: el film recibió 14 nominaciones a los Oscar e igualó el récord histórico de Titanic y All About Eve).


No es para menos: el tercer largometraje escrito y dirigido por el estadounidense Damien Chazelle (32), quien nos había dejado con ganas de más luego del inquietante drama Whiplash (2014), subió la apuesta aferrándose nuevamente a sus dos pasiones, el cine y la música. El talentoso realizador ahora nos envuelve en la magia del universo La La Land, una historia romántica tan agridulce como el camino que recorren aquellos artistas que persiguen sueños dorados en Hollywood.

Sebastian (Ryan Gosling) es un pianista de un restaurante de moda de Los Angeles, cuyo repertorio es elegido a dedo por el propietario del local (J.K. Simmons). Sus días allí están contados, ya que su deseo por hacer jazz de manera independiente lo terminará por expulsar hacia otros horizontes, en los que librará nuevas batallas por subsistir en lo suyo.

Mia (Emma Stone), por su parte, es una actriz que trabaja en una cafetería dentro de los estudios Warner Bros. de la misma ciudad que, en sus ratos libres, participa de audiciones. La heroína se ve sometida a circunstancias incómodas y patéticas en cada casting, al tiempo que intenta rebuscárselas para desarrollar proyectos personales que la ayuden a realizarse profesionalmente.

Luego de cruzarse por casualidad en circunstancias poco felices o incómodas, Sebastian y Mia vivirán una historia de amor única en sus vidas y, simultáneamente, buscarán concretar sus aspiraciones artísticas. Qué mejor el uno junto al otro para comprenderse, impulsarse y quererse apasionadamente.

Ryan Gosling y Emma Stone en La La Land: una historia de amor

Bajo el sol y la luna de Los Angeles, Damien Chazelle nos presenta un musical que nos hace volar bien alto en nuestros sueños pero caer bien fuerte cuanto la realidad nos golpea. Porque La La Land no sólo explora los deseos inquebrantables que nos movilizan en lo romántico y lo profesional, sino además ese punto en el que ellos colisionan. Por eso nos llega al alma.

A nivel recursos, fue muy atinado que el director emulara el sistema de filmación cinemascope de mediados del siglo pasado y que sucumbiera al encanto de los cuadros musicales épicos de una sola toma con la estética y fantasía de los clásicos. Este poema de amor urbano se asienta en una tierra prometida e igualmente caótica, de largas autopistas y grandes acampados, que se prestan como puntos de fuga mágicos de una realidad opresiva.

La banda sonora, que conduce las sinuosas emociones de la película, encuentra a Chazelle una vez más asociado al compositor Justin Hurwitz, quien ya había trabajado con él en el score de sus dos films previos.  Las letras de las canciones fueron escritas por Benj Pasek y Justin Paul, salvo en el tema “Start a Fire”, a cargo de John Legend (y colaboradores), quien también aparece en la cinta como actor, en el rol de Keith.

El tema principal, “City of Stars”, quedará, sin dudas, como una de las piezas más entrañables del cine, ya que cobra sentido en el contexto de una historia tan resplandeciente como melancólica. Dale play a continuación:

Es imposible imaginarse La La Land sin la pareja protagónica integrada por Ryan Gosling y Emma Stone. La tercera colaboración entre ellos, luego de Loco y Estúpido Amor (2011) y Fuerza Antigángster (2013), los encuentra completamente amalgamados, jugando al límite de sus capacidades para actuar, cantar y bailar orgánicamente, sin desentonar. Ambos tienen la facilidad de desenvolverse naturalmente tanto en la comedia cuanto en el drama o, mejor dicho, en situaciones donde dichos géneros se (con)funden, siempre en beneficio del relato.

Gosling compuso a Sebastian en la arena de la comedia pero se asentó en la complicidad de la ternura, un galán del siglo XXI que puede ser un héroe y también un perdedor absoluto, sin perder su encanto por nada del mundo. La performance de Stone va más allá aun: las expresiones de su rostro y la profundidad de sus grandiosos ojos nos llevan a identificarnos instantáneamente con Mia, sobre todo en las audiciones tragicómicas que atraviesa, y que nos rompen el corazón tanto como a ella.

La fuerza del film reside en cómo el guion, la banda sonora, las actuaciones, van en completa sintonía para conformar su alma: los verdaderos sueños se cumplen, no sin antes dolernos. ¿Quiénes no estuvimos alguna vez en el tironeo de seguir en un trabajo estable o de lanzarnos a un proyecto independiente? ¿De continuar apostando por nuestra vocación o abandonar la lucha por falta de esperanzas? ¿Y estar con alguien que nos ofrece cierto confort hasta que llega otra persona que nos mueve la estantería y nos devuelve la confianza en nosotros mismos? Más aun, la pregunta clave es: si tuviéramos que elegir entre el amor y el arte, ¿con cuál nos quedamos?

La La Land revigoriza el musical como género cinematográfico y apuesta al melodrama honestamente, para aquellos que vivimos “en las nubes”, cantando y bailando por un mundo mejor, a pesar de que la realidad nos cachetee una y otra vez.

Mirá el tráiler de esta súper recomendable película antes de su estreno en Argentina, el 26 de enero.