Orange is the New Black ahora nos rompe el corazón

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por leandro chico | @leanchico | mas notas del autor

A medida que pasan las temporadas, Orange is the New Black va cobrando mayor densidad dramática y nos va dejando cada vez menos espacio para la risa. A mayor crudeza de la vida carcelaria, más convincente y excitante se vuelve para el espectador la historia que comenzó hace tres años con iguales dosis de comedia y fatalidad. Ahora, con los últimos 13 capítulos disponibles en Netflix, ya nada será igual.


Ya lo dice Piper (Taylor Schilling) con lucidez: “Siempre voy demasiado lejos”. Cuando se traspasan ciertos límites, las consecuencias se pagan con sudor y sangre. Muy a su pesar, lo aprende al pie de la letra en esta temporada, cuando la comercialización de bombachas “usadas por presas” que ella inició deja de ser su propio monopolio al enfrentarse a una nueva pandilla que busca su tajada en el negocio.

El grupo que integran sus competidoras ve nacer a una líder temeraria, Ruiz (Jessica Pimentel), una de las de siempre de Litchfield que, resentida con Piper, llevará la rivalidad hasta las últimas consecuencias.

OITNB

Sin embargo, el enemigo más feroz no está entre ellas sino en el renovado cuerpo de seguridad que las vigila. Ocurre que con la llegada del marcial y despótico jefe Piscatella (Brad Henke) y nuevos oficiales, las cosas se ponen más complicadas en el penal. Las chicas conocen el paño con el inescrupuloso Mendez que acosó a varias de ellas en las primeras temporadas, pero ahora el peligro recrudece ya que la “mano dura” puede tocarle a cualquiera.

Este ambiente tenso es bien entendido aunque mal administrado por el director Caputo (Nick Sandow) que -palabras más, palabras menos- le aconsejó al inocente oficial Bayley (Alan Aisenberg): “¿Qué hacés trabajando acá? Andate cuando puedas antes de que este lugar te cambie”. Sin ánimos de “spoilear”, las palabras previsoras no fueron de mucha utilidad (veáse el porqué en el capítulo 12 “Los Animales”, uno de los mejores y más impactantes de toda la serie, que fue dirigido por el multipremiado creador de Mad Men, Matthew Weiner).

Concretamente, la 4º temporada de Orange is the New Black nos rompe el corazón por varias razones: la crisis emocional que lleva al consultor Sam Healy (Michael Harney) a tomar una decisión que cambiará su vida; relacionado a esto, la injusta resolución del crimen cometido en el primer capítulo que termina con una deportación psiquiátrica; la tragedia absurda en el pasado de Suzanne/”Crazy Eyes” (Uzo Aduba) que provocó, creemos, su actual encarcelamiento; y, sobre todo, la sorpresiva muerte de un personaje entrañable que revolucionará a toda la cárcel y que constituye el clímax narrativo de este año.

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Como ocurrió desde el principio, si bien la pareja protagónica la integran Schilling y Laura Prepon (quien compone a Alex), la fuerza interpretativa de OITNB reside en el colectivo de actrices que forman el reparto. Por supuesto, ciertos nombres se destacan sobre el resto, incluso sobre las recién mencionadas. En esta cuarta temporada, nuevamente se luce Aduba gracias a la magistral composición de la compleja e inestable “Crazy Eyes”, que enfrenta nuevos límites en su pasado y presente. Kate Mulgrew, por su parte, nos sigue cautivando como “Red”, tan ocupada de la cocina como del bienestar de sus “hijas”. Danielle Brooks ahonda el perfil más adorable y simpático de “Taystee”  al ser elegida por Caputo como su nueva secretaria; Y Blair Brown, en el rol de Judy King, logró oxigenar la historia carcelaria con una mezcla de impunidad y cinismo perfectamente construida, gracias al que pudo mantener su estatus de celebridad tras las rejas.  También merece ser destacada las performances de Laverne Cox (como Sophia), Michael Harney (Sr. Healy), Lori Petty (Lolly), Jessica Pimentel (Ruiz), Elizabeth Rodríguez (Diaz), Yael Stone (Morello) y Diane Guerrero (Ramos).

Con Moria Casán e Itatí Cantoral (la actriz mexicana que retrató a Soraya Montenegro en la novela de 1995 María, la del barrio) dándole color a las promociones de la serie, Orange is the New Black eleva la vara en su cuarta temporada, la mejor hasta ahora. La llegada de nuevas reclusas trajo más problemas: nuevas alianzas, aumento del racismo, marcas irreversibles y recrudecimiento del conflicto con el equipo de seguridad de la cárcel. Pero, definitivamente, es la muerte la protagonista. Es la que nos golpea duro y nos deja desolados como espectadores.