Karina K convierte a Yiya Murano en capocómica de la revista porteña

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por leandro chico | @leanchico | mas notas del autor

Ayer, 30 minutos antes de que comenzara Yiya, el musical, una pareja que paseaba por calle Corrientes y que repasaba la cartelera porteña, se acercó espontáneamente a la boletería del teatro El Nacional y consultó: “¿Hay entradas para la obra de Yiya? ¿Es divertida?”. La respuesta afirmativa del otro lado derivó en que los transeúntes se convirtieran inmediatamente en espectadores de una pieza que, sin lugar a dudas y primordialmente, despierta carcajadas.


Esperen, ¿no estamos hablando de un drama policial que arrojó como saldo el asesinato de tres personas, estafas y el posterior encarcelamiento de Yiya Murano? ¿Cómo es posible que una historia tan oscura y siniestra haya podido ser convertida en un musical y causar risas sin culpas en la audiencia? Sencillamente, es resultado del ingenio y la creatividad de la tríada mentora que integran Osvaldo Bazán, Ale Sergi y Ricky Pashkus  junto al arrasador talento escénico de la actriz Karina K.

La figura de “la envenenadora de Monserrat”, instalada así en el imaginario colectivo por casi 40 años,  es apropiada por el código del teatro musical a través de una propuesta clara, efectiva y sin ambiciones desmedidas. La inspiración surge de la idea que Yiya Murano era fanática de las revistas y desde esa premisa es que ella se convierte en la vedette de su propia historia. O, mejor dicho, en la capocómica de la tragedia que desató: manipula a los hombres de su vida, se burla de sus víctimas y desoye la sensatez de su hijo con la misma desfachatez y el humor procaz de los shows musicales que admiraba en los ‘70.

El dúo Bazán/Sergi imaginó a Yiya como una boca sucia, una “persuasiva” todo terreno, que puede pasar de la rigidez y el silencio al descontrol corporal y vocal en cuestión de segundos, tal como los humoristas “encantaron” al público por décadas. Subvertir el drama criminal con el grotesco en clave de revista es una tarea doblemente difícil porque no se trabaja con un relato cómico desde el comienzo sino uno de horror. Sin embargo, los autores congeniaron y ensamblaron, bajo la dirección de Pashkus, la espectacularización de una historia trágica y popular, con personajes bien definidos y canciones ocurrentes que se ríen de la desgracia.

Yiya, El Musical

Mérito también es que los hacedores de Yiya, el  musical (quienes ya habían trabajado juntos en …y un día Nico se fue) hayan reclutado a Karina K para protagonizar este proyecto. La actriz y cantante nos tiene acostumbrados a ponerse al hombro a personajes emblemáticos y súper exigentes como Sally Bowles (en Cabaret) o como Florence Foster Jenkins (en Souvenir), la tristemente célebre soprano estadounidense cuya historia llega al cine este año y es nada menos que Meryl Streep quien la compone.

Lo asombroso de Karina K no es que sea una artista integral sino su capacidad para llevar su performance a terrenos insospechados. Cuando suponés que ya la viste hacer lo imposible, se mete en el cuerpo de la inefable Yiya Murano y la habita con meticulosidad y verdad; se apropia de ella y también de las personalidades múltiples que Yiya adquiere en la obra. Y escucharla cantar como resultado de esta transmutación, con cada uno de los “colores” que el guión requiere, es tan sorprendente cuanto inquietante. Karina es la farsante de la gran farsante.

Fabián Gianola es el maestro de ceremonias de esta “revista”, el amante de Yiya cuyos capitales son la calle, los códigos del engaño y el sexo sin compromiso. Patricio Contreras, sin embargo, es el marido profesional y fiel de la victimaria, pero que no la satisface ni divierte en lo absoluto, sólo le ofrece el confort de un hogar y cierta seguridad económica. La tercera figura masculina la compone Tomás Fonzi, quien se mete en la piel del hijo de Murano, la persona que tiene los pies sobre la tierra y da señales de alarma sobre los engaños que pergeña su madre, aunque con el tono justo de escepticismo ante el destino final que se avecina.

La idea de las tres amigas -envenenadas con bombas de crema rellenas de cianuro- como interlocutoras y coreutas es sensacional, no sólo por la elección de Tiki Lovera, Virginia Kaufmann e Iride Mockert como Susi, Marta y Beba, respectivamente, sino por los diálogos y los cuadros musicales que integran las tres junto a Karina. La villana logra sus mejores “golpes”, despierta su costado más despiadado, al compartir el escenario con sus “mejores amigas”. Un escenario que está simbolizado por la escalera del teatro de revista y que representa, a su vez, el ascenso y descenso de los personajes en la historia, el ciclo de la vida signado por el humor pero también por la desgracia.

Definitivamente, Yiya, el musical es una muestra de cómo ha avanzado la dramaturgia nacional en relación el género musical, reflejada en el equipo creativo y el reparto justos para una historia tan arriesgada cuanto compleja, pero que el perfecto ensamblaje de libro, música y actuación vuelve accesible para todos. Y verla a Karina K encarnar a Yiya Murano mientras la juega de siniestra, vulgar, aniñada, disparatada o promiscua, es una experiencia que, como espectador, no podés perderte.

Yiya, el musical. Libro de Osvaldo Bazán y música de Ale Sergi. Dirigida por Ricky Pashkus. Con Karina K, Fabián Gianola, Patricio Contreras, Tomás Fonzi, Tiki Lovera, Virginia Kaufmann e Iride Mockert. De jueves a domingos en Teatro El Nacional, Av. Corrientes 960. Tickets a la venta por Plateanet.com o en la boletería del teatro.