Grace and Frankie: el amor después del amor a los 70

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por leandro chico | @leanchico | mas notas del autor

En tiempo en los que los dramas políticos-judiciales, de horror o de fantasía son los que atraen más atención del público y más repercusión llevan a los medios de comunicación, es reconfortante cuando aparece una comedia tan inusual cuanto ingeniosa como Grace and Frankie para cortar con la rutina del “espectador serial de series”.


Inusual porque rara vez ocurre ver un show televisivo protagonizado por dos actrices de más de 70 años. E ingeniosa porque muestra, contra todos los pronósticos, cómo la vida puede motorizarse y cobrar vitalidad durante la tercera edad, incluso a pesar del acaecimiento de lo indeseado.

En ese sentido, Grace (Jane Fonda) y Frankie (Lily Tomlin) se enfrentan con la difícil tarea de rearmarse emocionalmente y empezar otra vez de cero después de que sus respectivos maridos, Robert (Martin Sheen) y Sol (Sam Waterston), les anunciaran que son gays, que están enamorados entre sí y que deciden irse a vivir juntos, con planes de matrimonio incluidos.

Marta Kauffman -la creadora de la popular sitcom Friends junto a David Crane-  se alió ahora con Howard J. Morris para llevar esta comedia a Netflix, que contiene esas dosis de drama justas para reírnos y reflexionar sobre nuestras propias desgracias y vivencias romántico-familiares. No sólo ofrece eso, sino además el atractivo de juntar a dos mujeres que nunca se cayeron bien, que provienen de dos “palos” completamente distintos, que se ven obligadas a convivir y congeniar con resultados que ni ellas mismas esperaban.

Grace es una empresaria de la cosmética retirada, que fue cara de su marca durante años, refinada y muy cuidada en sus formas, mientras que Frankie es una profesora de arte, hippie y desprejuiciada, que no le importa decir lo que piensa ni seguir convenciones. A pesar de ser históricas antagonistas, una vez que sus esposos las dejan para darle visibilidad a su amor secreto de 20 años, las protagonistas se unen en desgracia y experimentan a la par una “segunda adolescencia” en la que, además, comparten techo: en la casa de la playa, en San Diego, negocian reglas de convivencia, se meten en líos y viven esta nueva soltería con las mismas inseguridades y fantasías de sus años de juventud.

Grace and Frankie

Párrafo aparte merece la pareja que forman Robert y Sol, que están del lado opuesto, en una relación consolidada durante décadas -en lo profesional, ya que son abogados asociados, y en lo amoroso, a pesar de la clandestinidad- que ahora se vuelve transparente para todo su entorno. Ellos deben lidiar con la felicidad que sienten y la culpa por el engaño prolongado a sus exmujeres, a la vez que ellas y los hijos que comparten siguen siendo parte ineludible de su cotidianeidad.

Jane Fonda y Lily Tomlin tienen una química fantástica en el rol de archienemigas devenidas en mejores amigas; son divertidas, creíbles y entrañables, son las secuaces inesperadas y perfectas que demuestran que no hay edad para la crisis de identidad, la búsqueda de nuevos proyectos, la honestidad brutal y, sobre todo, para el amor después del amor.  Por su parte, Martin Sheen y Sam Waterston componen, sin prejuicios y con mucha ternura, a una pareja gay, si bien el papel que cumplen en la historia no se reduce únicamente a eso, evidentemente; los propios impulsos incontrolables, algunos miedos y los familiares entrometidos harán que sus días también sean agitados.

Con diálogos ingeniosos, situaciones disparatadas y un reparto de nivel que acompaña al cuarteto principal, Grace and Frankie nos ayuda a reírnos sin culpas de nuestras miserias y demuestra que la segunda parte de nuestras vidas puede empezar incluso a los 70, justo cuando muchos sienten que se acaba. Todo puede volverse más apasionante que nunca cuando nos decidimos a patear el tablero, tengamos la edad que tengamos.

La primera y la segunda temporada de la serie, ya están disponibles en Netflix.