El Pimiento Verdi, una insólita lucha en la taberna de la ópera

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por leandro chico | @leanchico | mas notas del autor

Los porteños tienen la oportunidad única de acercarse a una producción asociada del Complejo Teatral de Buenos Aires y Teatros del Canal de Madrid que rinde homenaje a dos héroes de la ópera del romanticismo europeo del siglo XIX, como son Giuseppe Verdi y Richard Wagner, en una propuesta ocurrente y festiva que pone de manifiesto la disputa de dos visiones del arte y de la vida.


Efectivamente, en El Pimiento Verdi, los espectadores presenciarán una lucha tan inesperada como disparatada entre un dúo wagneriano y otro verdiano en un escenario impensado: un restaurante popular que lleva el mismo nombre de la obra y cuyo propietario es aficionado a las zarzuelas y a las óperas. Sito (Nacho Gadano), el hombre al mando, recorre su negocio, colmado de clientes y platos de comida, con satisfacción: sabe que en esta noche habrá un homenaje al compositor italiano que venera. Fidel (Damián Mahler) y Blas (Víctor Hugo Díaz) atienden a los comensales al tiempo que sirven vino, alcachofas y chuletones. Todo está dispuesto para que la celebración invada el lugar y mucho tiene que ver el protagonismo que adquieren los cantantes Roberto (Nacho Mintz) y Leonor (Carolina Gómez), quienes prometen llamar la atención de los presentes con gracia y talento.

Lo que aparenta ser una fiesta que evoca el honor artístico de Verdi se convierte en un campo de batalla cuando dos fieles seguidores de Wagner allí presentes, Sigfrido (Santiago Sirur) y Brunilda (Mirta Arrúa Lichi), desde su mesa, muestran su aburrimiento y desagrado como oyentes, mientras buscan desplazar a la pareja antagónica con su propio repertorio y argumentos de confrontación que enaltecen al virtuoso alemán.

A partir de allí, los tenores y sopranos espadachines, con sus voces y las respectivas historias de los artistas que representan como armas, plantean a lo largo y lo ancho del restaurante una grieta artística que llega, incluso, a discusiones ideológicas. ¿Suena demasiado serio? ¿Ópera y política? Pues, allí lo interesante de esta invitación: la pieza está muy alejada de tener un tono formal y prudente.

Es más, el gran mérito de El Pimiento Verdi lo constituye su manera original y disparatada de acercar la ópera a todo tipo de público, por lo que desconocer el legado tanto de Giuseppe Verdi cuanto de Richard Wagner, más que un impedimento, es la excusa perfecta para ir al teatro a ver esta –nunca mejor dicho- deliciosa historia que discurre entre lo solemne y lo grotesco con inteligencia y efectividad.

¿Verdi o Wagner?

Acostumbrado a dar luz a creaciones satíricas y tragicómicas que encendieron polémicas y causaron incomodidad en la escena española del siglo XX, el dramaturgo catalán Albert Boadella trajo a Buenos Aires una de sus irresistibles provocaciones, cuya inspiración surgió a partir de una cadena de restaurantes madrileña llamada “El Pimiento Verde”, que es comandada por el melómano Sito, tal como se llama el personaje de la obra. Es un lugar de concentración de cantantes provenientes del Teatro Real y de la Zarzuela de Madrid en el que eligen brindar shows y conciertos.

La idea se terminó de forjar al conmemorarse el bicentenario del nacimiento de Verdi y también de Wagner, coincidencia que el autor y director reconvierte en discrepancia y juego para descubrir las características e influencias históricas de ambos compositores durante El Pimiento Verdi. La discordancia entre cada uno de los grupos defensores nos permite mirarnos a nosotros mismos y ver cómo se plasma cotidianamente en nuestra vida la lucha simbólica entre lo popular y lo intelectual, lo bajo y lo alto; y también nos ayuda a pensar en cómo la creatividad y el humor puede ayudarnos a salvar esas diferencias construidas socialmente.

Las hostilidades entre verdianos y wagnerianos transcurren puertas adentro del restaurante, con platillos que van y vienen, utensilios de cocina que se usan para “lastimar” al contrincante allí donde más duele y melodías cautivantes apropiadas con fines delirantes a lo largo la competencia. Quiénes hacen que toda esta locura funcione son, por un lado, Nacho Mintz y Carolina Gómez, y por el otro, Santiago Sirur y Mirta Arrúa Lichi. Si bien integran dos bandos distintos en la historia, los cantantes y actores conforman en la práctica una alianza artística demoledora, cohesiva, en función del humor y las destrezas vocales. Nadie desentona, en todo sentido, y lo que demuestran en escena es una versatilidad y dinamismo que hablan con justicia de sus respectivas escuelas y trayectorias en las tablas. Lisa y llanamente: cantan como los dioses y divierten de lo lindo, incluso dentro de las situaciones más absurdas.

Nacho Gadano como Sito es el árbitro ideal y maneja con convicción los hilos de la acción, siempre con el acompañamiento tierno y desopilante de sus ayudantes en el negocio, compuestos por Víctor Hugo Díaz, que arranca muchas risas inesperadas con frecuencia y maneja un muy buen timing; y el todoterreno Damián Mahler, que va de la cocina al piano con destreza y gracia.

También merece una mención destacada la disposición escenográfica, que se utiliza en su amplitud completa, y que incorpora inteligentemente a un número significativo de público, que puede ver el espectáculo desde el lugar mismo en el que la acción transcurre y sentirse parte de esa taberna madrileña en la que cualquier cosa puede pasar mientras escuchan fragmentos de Verdi, Wagner y zarzuelas, entre otras músicas.

El Pimiento Verdi entrega frescura y talento a la cartelera porteña y nos enseña que, aunque siempre haya un ganador y un perdedor, los mundos aparentemente opuestos pueden conciliar y construir algo superador capaz de sorprender, siempre y cuando se ponga en juego la creatividad y el consenso. Aunque, cuidado: elegir en medio de la cena nunca fue tan complicado.

El Pimiento Verdi. Escrito y dirigido por Albert Boadella. Con Nacho Gadano, Damián Mahler, Nacho Mintz, Carolina Gómez, Santiago Sirur, Mirta Arrúa Lichi, Víctor Hugo Díaz, Miguel Drappo y Flor Benítez. En la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530. Entradas a la venta a través de internet por Global Ticket o en la boletería del teatro.

Cronograma de Funciones: entre el 27 y 30 de agosto; entre el 9 y 13 de septiembre; entre el 9 y 11 de octubre; entre el 21 de octubre y el 1 de noviembre; entre el 5 y 8 de noviembre; y entre el 18 de noviembre y el 5 de diciembre.