Better Call Saul: el final y el punto de partida

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por leandro chico | @leanchico | mas notas del autor

Desde ayer, Netflix puso a disposición de sus abonados el capítulo final de la primera temporada de Better Call Saul, uno de los estrenos más esperados de 2015, sobre todo porque se trata de una historia derivada de Breaking Bad, un verdadero éxito de audiencia y crítica convertido en programa de culto.


A partir de febrero pasado, se transmitieron semanalmente 10 capítulos donde se nos presentaron gran parte de las condiciones que dan lugar al nacimiento de Saul Goodman. O por lo menos esa es la nueva personalidad que indefectiblemente adoptará James McGill, ya que años más tarde amparará y defenderá una cartera de clientes criminales, que incluye por supuesto a Walter White.

La primera impresión que queda después de sortear todos los episodios es que los creadores de Better Call Saul, Vince Gilligan y Peter Gould, se dedicaron más a dar volumen dramático a la historia de Jimmy McGill que a contentar a los fans de Breaking Bad. Esto es lo mismo que ocurre cuando un solista que viene de una gran banda de rock intenta hacer su camino, ser valorado artísticamente por sus propios méritos, pero tiene que enfrentarse al público quiere que cante “esa que sabemos todos”, cubrir la nostalgia de los viejos clásicos que movieron multitudes.

La precuela demostró en su primera temporada que cobijó sus propios intereses narrativos y se concentró en delinear las características de sus personajes por encima de cualquier impacto policial o giros repentinos que capturen la ansiedad de los televidentes capítulo a capítulo, como ocurrió con su serie “madre” o como sucede habitualmente en dramas como The Walking Dead o Game of Thrones. Además, y gratamente, la meta se cumplió con altos estándares de producción, fotografía, edición y sonido. En ese sentido, es un producto digno de su serie antecesora.

Los grandes protagonistas del show televisivo fueron Bob Odenkirk y Jonathan Banks. Este último, que interpreta magistralmente Mike Ehrmantraut, regresó de las entrañas de Breaking Bad para mostrarnos cómo es volver a la pantalla con un personaje sin que se mueva un solo músculo de la cara, literalmente hablando. Digo esto porque el actor mantiene a la perfección la caracterización presentada en el programa que lo vio nacer, que tiene que ver con su prestancia rústica y su determinación para la ejecución de “trabajos”. Un ex policía de pocas palabras y gestos pero de grandes acciones, sobre todo las que refieren a su círculo familiar.

Con enormes chances de ser premiado por su actuación, Jonathan Banks se roba uno de los mejores capítulos de la temporada estreno de Better Call Saul, llamado “Five-O”, donde pudimos entrar al núcleo de esa frialdad de Mike y conocer más sobre su solitaria vida detrás de una cabina de peaje y el saldo que inevitablemente dejó en él una tragedia imposible de olvidar y por la que tomará revancha.

Better Call Saul

Bob Odenkirk, sin embargo, cuenta con más tiempo al aire para desarrollar la historia de Jimmy, quien vive luchando en varios frentes: contra la el exilio de su hermano Chuck (Michael McKean), a quien vemos casi siempre padeciendo su hipersensibilidad electromagnética, hasta que deja de ser víctima para convertirse en victimario; contra la inestabilidad económica, debido a que su trabajo como abogado no le permite llegar a fin de mes y lo condena a poner su “estudio” en un salón de belleza; contra la mala racha, como a todo perdedor, que lo pone en situaciones de riesgo e indeseadas pero gracias a las cuales adquiere gran parte de las destrezas (oratoria, control de crisis) que aplicará más adelante cuando comience a llamarse “Saul Goodman”; contra la soledad y la ausencia de un verdadero amor, que se plasma en la relación que mantiene con Kim (rol ocupado por la actriz Rhea Seehorn), una “amistad” con historia y más de una complicación; y, sobre todo, contra su pasado antes de convertirse en profesional, ese mismo que lo condena y del que parece no poder desprenderse.

Ese es el tema principal de la primera temporada: nos cuenta acerca de la juventud del protagonista, cuando era conocido como “Jimmy, el Resbaladizo” y cuyo oficio se asociaba a lo ilegal, mientras que lo contrapone con el James McGill que busca “hacer lo correcto”: seguir el mandato familiar al estudiar la misma carrera de su hermano y ganar dinero con un trabajo digno.

En el último capítulo que salió al aire esta semana, nuestro entrañable personaje, ante un desengaño profundo que lo hace tambalear, decide tomarse unos días y volver a Cicero, Illinois, lugar donde pasó sus años de descontrol, por lo que culmina inexorablemente abrazando ese pasado oscuro que había abandonado al mudarse a Albuquerque, Nuevo México, para comenzar su carrera de abogado. Esa experiencia de “vuelta a las raíces” dura poco aunque, una vez de regreso a su vida actual, le sacude las estructuras y, repentinamente, toma una decisión que probablemente cambie el curso de la historia.

¿Será este final de temporada un punto de partida hacia un nuevo Jimmy o, mejor dicho, hacia el ascenso de Saul Goodman, que más adelante atenderá las necesidades de Walter White y Jesse Pinkman? El plano final del último capítulo marca exactamente el cruce de esa línea divisoria.